Subidos al tren de las 9.40 partimos hacia la ciudad de la furia a vivir dos días llenos de smog, corridas en el subte, ruido, música, arte y amor por la cultura. A veces es bueno salir del aire puro de mar para llenarse los pulmones de humo de ciudad ... simplemente para variar un poco.
Dejamos atrás tren, subte, cuadras, semáforos y llegamos al Centro Cultural Recoleta, hogar del Festival Ciudad Emergente desde hace 3 años. Nos encontramos ahí con gente de todas las edades, con una onda similar y aspecto despreocupado. Chicos de pelo corto y semi-largo con Ray Bans negros sentados en el piso. A su lado, chicas de pelo de colores y calzas al tono. Reina la tranquilidad y la espera por las bandas que tocan hoy, viernes.
Esto pasa afuera, en la terraza, mientras en la pantalla gigante pasan un corto, "Plastiquito", gracioso y mudo.
Adentro hay una vorágine de gente enloquecida por tener la mejor foto de foto (en una de las salas hay una muestra fotográfica), por llegar primero a escuchar poesía en otra de las salas, por tener el mejor lugar en el microcine, por fumarse un pucho en el patio del aljibe, por leer una revista gratuita, por participar de la decena de obras interactivas que están instaladas en el lugar techado.
Nos dejamos llevar por el remolino de gente y somos felices. Sabemos que lleven donde nos lleven vamos a estar bien, vamos a disfrutar de la estadía en la sala.
Es por eso que me encanta pasar un buen rato en esta ciudad. Para llenarme los pulmones de humo, de ruido, de amontonamiento, de arte, de música, de conocimiento. Y trato de aguantar la respiración hasta llegar en el tren de las 9.20 a casa, soltar el aire y contagiar a todo mi entorno con eso que me llena el alma.

