Lluvia: tomátelas!


Asqueroso febrero lluvioso y húmedo. Otra vez una jornada aburrida de trabajo. Las gotas generan en las personas una sensación de rechazo como de agotamiento continuo.
Puán entre Acevedo y Pacheco vive desnuda. El neón de las marquecinas solamente ayuda para recordar que seguimos en verano.
Promedian las 22, parece una novela francesa "Venecia virgen Puán". Los humanos se resguardan y huyen en vehículos. Acá viene una mala costumbre: el padre zamarrea del brazo al hijo y lo obliga a que se quite las ojotas para cruzar la calle. Quizás el señor se olvidó de que el agua hace las veces de autopista para los vidrios rotos, alambres y demás objetos contundentes y basura. Pero el hijo NO. Se lo recuerda a su padre y éste se ofende. El niño vuelve a advertir, la madre asiente con un leve gesto de cabeza. El infante gana. El padre, de cierta manera, también. Y además cumple con su deber y lo lleva a upa.
Se embarcan en otra verada. Se alejan. Quizás la lluvia debería hacer lo mismo.