Pido una Stout, me saco la campera y comienzo a seguir con el piecito el ritmo de la canción.
Dos muchachas de cortes de pelo fuerte y un pelado con gorra captan mis miradas y las del bar, de lleno. La cantante es extremadamente flaca, exótica, con vestido vintage; al igual que la tecladista que porta un corte taza gigante. Su voz se pierde en las melodias de los moogs (parecidos a sintetizadores), pero siento que me esta cantando a mi. Los coros de la tecladista me penetran los oidos, quizás por su voz fuerte y dulce o quizás porque los coros del otro tecladista, "pelado", parecen mudos.
Loló, cantante de corte taza rubio y corto, comienza a soltarse al final del set. Soltarse porque dice una que otra palabra. No había mucho para decir. Su presencia y música hablaban por si solas.
Isla de los Estados termina su performance. Saludan y se pierden en el público. Quiero más, pero ya terminó. La adicción se crea por la originalidad de las breves islas (musicales) de estados (de ánimo) que impregnaron en mi.

Publicar un comentario