#coolplansatlunaparks#



Siempre ocurre algo detrás de algo.
Cuando se apagaron las luces del Luna o esa nueva caldera en donde se presentan cotidianamente artistas nacionales e internacionales, me imaginaba un show con condimentos particulares pero nada librado a la espontaneidad.
Con suerte pensé en canturrear algo pervertido y salvaje de los primeros cds pero tampoco me hice muchas utopías.
De entrada el salame seguridad ya me rompió las bolas. Trate de explicarle que tenía una muda de ropa en la mochila porque recién llegaba a baires y me iba al otro día, pero el muy conchudo me dijo: “Yo vivo en Magdalenas y a quien le importa”. Puto. Totalmente Puto. “Y bueno”, me dije por dentro, “Acá dejas la muda de ropa, el cinto, un poco de sangre. Todo.”
Pero el Totalmente Puto le dice a mi novia que no puede pasar porque tiene una cámara de fotos “MUY” grande y la manda para la entrada de Madero. (Estábamos en la de Bouchard”). Llega, ella, toda apresurada, como suele estar previo a un show y más sí es en Capital, y aparece el hermano de conchudez del seguridad anterior y le dice:”Con esta cámara no podes pasar, aparte no tenes la pulserita de prensa para sacar fotos. Esta cámara resiste la arena? Porque ya me hice varias y todavía no probé. Bueno ahora tengo una más”. Claro, nadie se rió. Excepto el cómico conchudo de seguridad que también sabe contar chistes.
A todo esto, ya estando dentro del microestadio, me quedo en un lugar cerca de la entrada bastante cómodo, desde el cual se veía todo el escenario y arranco a llamar a Flor. Me atiende. Me corta. No me atiende. Sigo intentando. Me quedo sin crédito para llamar. Solo $0.70 -justo para un mensaje-.
Se apagan las luces y comienza una intro de samplers y pasan los músicos por delante del escenario, saludando y en fila india. Tormento arranca y no se lo ve a Dargelos por ninguno de los 3 pisos que hacían las veces de edificio-escenario. Mientras Tormento muta, y se engancha con su segunda parte Pulpito, salen unas llamas sabáticas del escenario. Los espectadores notamos que hay un terrible juego de luces azules que ni se veían y que connota los distintos niveles de las tarimas comandadas por Babasónicos. Justo es ese momento se hacen presentes por las pantallas que rodeaban al escenario en rectángulos, la cara de Adrián cantando, pero no se asimilaba el fondo de donde estaba él, con ningún fondo del Luna colmado de pibitas chetas y algún que otro extranjero.
Flor empieza a sacar fotos entre la valla y el escenario y de repente se encuentra a Dargelos frente a ella. Lo acosa a flashes y disfruta del momento de sentirse más que el público pero menos que los artistas. Estaba más cerca del escenario que nadie, pero miraba a los músicos de abajo de él.
Nos encontramos para bailar a troche y moche Viva Satana, Irresponsables y Chicos en el Pasto, un clásico sónico de aquel pasto patagónico, allá por 1991. Esos temas nostálgicos y fogoneros que siempre te sacan una sonrisa.
Un Luna Park prendido fuego por tanto estribillo cantado. Un Dargelos poseso, un Roger que cambiaba a cada rato de guitarra para alcanzar las sonoridades de cada canción, un Tuta que logró ocupar muy bien el lugar desde las 4 cuerdas aunque sea corto su tiempo como baboso, apenas poco más de un semestre. Un Carca enchufadísimo en los arreglos de cuerdas, percusión y al mando del Teremin. Los Diegos de la banda tuvieron distintos momentos de espontaneidad, como el bombo atroz en Mitad de Mi y el enganche desde los parches de Su Majestad a Fiesta Popular. El intro del show, las 3 partes de Muñeco de Haití, todas enganchadas y los temas bailables como Microdancing, Viva Satana (para bailar con swing setentoso) e Y qué? Estuvieron a cargo de las teclas y programación de Uma T, mientras que Diego Uma bailó como un loco casi todos los temas, tuvo un buen aporte vocal en coros y unas percusiones colocadísimas en Árbol Palmera y en variaos tracks de A Propósito (2011).
Un show de despedida de año acorde a la ocasión. Luces. Pantalla. Reversiones (Putita e Y qué?/Egocripta). Muchos arreglos al estilo Infame. Muchos clásicos de esos que alimentan el hambre de rock que todavía varios tenemos.
Pagaron una deuda pendiente sobre la vieja gilada babasónica de “No tocamos temas viejos, porque ya tuvimos ocasión para tocarlos” o “No tocamos nada de los otros álbumes porque estamos presentando éste”.
Cero demagogia, como de costumbre. Un recital impecable, bueno casi. Hubo esos acoples que al parecer no alcanza consola para resistir o ampli para aguantársela. Pero con semejante puesta en escena, a cuantos les importa un mínimo acople o una desafinada al pasar. No es esa la magia de un show en vivo. Para ser honesto, me aburren las bandas que suenan igual al cd. Tiene que tener un sonido familiar o mejor pero no sonar computadorizadamente igual. Los recitales crudos de los Peppers me parecen únicos, las desafinadas de Cobain eran para admirar, pero ir a ver a Waters para escuchar el mismo sonido que en sus pedorros cds. Eso si que no es un vivo, es un complemento del disco, para la gilada que no lo escuchó íntegramente y se hacen los que descubren nuevas melodías en vivo.
Por suerte no dejé la muda de ropa, ni el cinto o un poco de sangre. Nada. Inclusive me lleve una lista de temas, visité a un viejo amigo, me compré algunas La Mano en Parque Rivadavia + un Past Masters II de The Beatles y afirmé que Babasónicos sigue siendo Babasónicos.